Candidato
by ecommonist
Plantó sus manos a ambos lados del atril, luego con ambas agarró nuevamente los folios de su lectura y como dudando, dubitativo, golpeó un par de veces el canto de las mismas contra la plana del atril, como queriendo ordenarlas, que respiraran la perfección de la que el carecía. Fue en ese mismo momento cuando recordó la obviedad y su temor, aquel contra el que batallaba y contra el que necesitaba que el resto compartiese sus sentimientos. Apartó las hojas, las dejó en horizontal, improvisando su propia invención, su dialéctica y su salto hacia algo más. Con la cabeza agachada, sin mirar a las escasas docenas que se reunían en el parque, su voz sonó primeramente ahogada para ir transformándose después en un torrente de verdad.
Es entonces cuando llegamos hasta aquí.
pronunció lentamente, casi murmurando, apesadumbrado por su propio significado.
Yo les miro, ustedes me observan, nuestras miradas se entrecruzan y se preguntan de que coño pienso hablarles. Se lo diré. Algunos de ustedes simplemente habrán venido por el mero morbo y la curiosidad de verme perder las formas, otros tantos atraídos por la algarabía y motivados por el ostracismo circundante y muy pocos, y ciertamente los menos importantes, los ciegos creyentes que creen en la imagen y en las ideas que en teoría, fielmente represento. No se preocupen, les garantizo que ninguno se ira de vacío.
A unos como a otros, es decir, a todos ustedes, les diré que algunas cosas van a mejorar. Seguramente les parecerá haberlo oído muchas veces, muchísimas, y yo no les niego su parte de razón, porque lo que ustedes oyeron era muy similar, y a la vez muy diferente a lo que yo les propongo. Todo iba a cambiar, les decían, y cambiar desgraciadamente, no es lo mismo que mejorar. Yo desde mi humildísimo podio
golpeó el metacrilato y el crujir resonó en los micrófonos
no les garantizo una mejora, no desde aquí, porque es irreal y mentiroso ofrecérsela, ustedes son lo suficientemente inteligentes como para saber que yo no tengo ese poder. Puedo obtenerlo, si es que se dan las circunstancias y las oportunidades, pero en este momento no dispongo de él. Sin embargo eso no impide que luche desde ya por ofrecerles una alternativa a su realidad cotidiana, al funcionamiento de las cosas, a como perciben la realidad y la vida de este país, a lo que hacemos nosotros sus representantes y a entender la política como algo honroso y noble, alejado de sus sinónimos actuales: corrupción y enriquecimiento.
Hoy me arriesgo y me la juego, porque diré cosas que no gustaran, ni a ustedes ni a mi partido, pero confío en que aún se pueden instaurar nuevas corrientes de pensamiento, en que nuestro sistema democrático aún puede ofrecer diversidad… y por eso no les pido el voto. Me importa un bledo si al final ustedes deciden votar por mi partido o por el rival. Es posible que no me crean, pero se lo digo con toda franqueza. Me importa muy poco, es decir nada, que ustedes no voten a los candidatos que represento, que no me voten. Mi misión aquí es muy sencilla. Mi único objetivo es ampliar su capacidad de elección, de decisión; provocarles, conseguir que al menos conozcan que no todo el mundo en política es sumiso y servil, que aún existen algunas personas capaces en las que pueden tener esperanzas, y que hemos llegado a un punto de no retorno en que un sistema bipartidista ya no puede satisfacer ninguna de todas las particularidades que como personas nos hacen diferentes y especiales. Por primera vez en muchas décadas vamos a tener que volver a confiar en las personas, y solamente en ellas, para conseguir ese equilibrio que las ideologías nos han arrebatado mientras enarbolaban colores y símbolos que habían perdido todo su significado. Lo que quiero hacerles comprender es que por mucho que les repitan izquierda, derecha o centro, ninguno de estos términos tienen sentido aplicados ya a la realidad.
Hemos evolucionado hacia una sociedad tremendamente heterogénea gracias a las libertades y derechos que consiguieron nuestros padres y nuestros abuelos. Ellos construyeron unas bases para que se garantizaran las oportunidades independientemente de la condición política, social, racial, religiosa o económica. Crearon un sociedad tolerante y abierta, tan avanzada que algunos hechos nos chirrían en los oídos mientas clamamos por la moderación y la rectitud…
Suspiró.
Les doy las gracias a todos ellos. Debemos de estar agradecidos y avergonzados viendo como dilapidamos toda esa herencia en apenas dos décadas. Sin mayores preocupaciones que mirarnos el ombligo, nos hemos dedicado a arreglar mecanismos que ya funcionaban, y que si bien distaban mucho de la perfección, al menos no pecaban de injustos. Sin apenas valores en comparación, con metas más que censurables, llenos de envidia y frustración viviendo vidas que caminan entre la miseria, la inmundicia y el dramatismo, no somos mas que una triste imagen de la decadencia del magnifico futuro que ellos soñaron.
Se nos llena la boca de corrección, y de prudencia, y de solidaridad, y de esfuerzo y trabajo. Y todo resulta ser falso. Le pedimos al ciudadano de a pie, aquel que no tiene mas peso que el voto, que soporte y aguante el peso de nuestras decisiones y nuestros errores. Decisiones que no son en la mayoría de los casos mas que caprichos de niños y niñas de 45 años que nunca necesitaron adaptarse a la vida real. La cuestión de que muchos sigan allí la tenemos todos nosotros. Un país en el que hemos defendido a capa y espada a nuestros partidos con el forofismo propio de los hooligans mas descerebrados. Si no, como me pueden explicar ustedes que hace ocho años consiguiéramos un 37% después de haber errado consecutivamente un millón de veces durante dos legislaturas. Apenas medio millón de votantes decidieron el cambio. Cuando estoy a solas quiero pensar y ser optimista creyendo que realmente fue un millón el que intercambio su voto. Sería un halo de esperanza.
Les hablo de esperanza porque yo apenas entiendo el presente. No comprendo el punto en el que estamos, como hemos sido capaces de llegar hasta aquí, hasta que punto hemos prostituido nuestra libertad y nuestros derechos a cambio de nada, de vivir cada vez más indignamente, de que el estado al que financiamos con nuestros impuestos los derroche impunemente en cargos sobre remunerados y proyectos sociales de dudosa gestión fuera de nuestras fronteras, de que se hayan olvidado de que la pobreza y el malestar también existen aquí dentro, en nuestras calles y en nuestras casas. Estoy confuso, perplejo ante la autocomplacencia de nuestros escasos logros, obsoletos y ahora ya mediocres, de que la sanidad y la educación se hayan convertido en materia de negociación e intercambio de las autonomías, estoy harto de las competencias, de los autogobiernos que solo existen para justificar innumerables cargos e incomprensibles licitaciones, de los chantajes de las mafias y de los lobbies que crecieron a nuestras espaldas rayando la ilegalidad… Nos merecemos algo mejor, nos merecemos un ratio de ingresos mejor, unos sueldos que permitan recuperar nuestra economía, una investigación que permita desarrollar la industria, unas universidades que sean el orgullo de Europa, la mejor sanidad pública que podamos tener y no solo aquella con la que nos conformemos, la protección social total del estado, la distribución equitativa de la riqueza sin la injusticia del trabajo y del esfuerzo propio, el apoyo a los emprendedores, a las exportaciones, a la defensa de los derechos de todos y cada uno de los trabajadores, a la conciliación de la vida familiar y laboral, pero sobre todo a la libertad para decidir lo que queremos ser sin que ningún gobierno deba hacernos responsables de la situación social que ellos generaron, respetando nuestros derechos, nuestros deberes y las libertades individuales que caracterizan y han caracterizado siempre a Europa y en especial a nuestro país.
Por eso os digo que yo trabajaré ahora, desde ahora, para el presente y para el futuro, para recuperar nuestro mejor pasado y convertir los buenos recuerdos en una nueva realidad y en un presente que sean potencialmente brillantes, sin la ira y sin la crispación que despierta la política de la democracia y en los que podáis mirar a vuestros vecinos sin temor y con confianza sobre lo que ambos habéis construido. Ha llegado la hora de recuperar las ideas básicas y de gobernar para el pueblo, ya que ellos, vosotros, nosotros, somos la base para conseguir el resto.
No sonaron grandes aplausos, no hubo vítores ni alabanzas. No podía haberlos. Aquello era demasiado para una gente acostumbrada a oír hechos edulcorados. En las pequeñas escaleras le esperaban sus compañeros y no precisamente para felicitarlo. Pero nada importaba, el objetivo ya se había conquistado.